El Huila durante años ha contribuido al desarrollo energético de la nación con dos grandes hidroeléctricas, Betania y El Quimbo, y con uno de nuestros mayores patrimonios naturales: el agua, específicamente con la del rio Magdalena.
Pero hay una pregunta que me ha inquietado
desde hace muchos años y quiero tener respuestas: ¿Que debe ocurrir con las
tierras que fueron adquiridas para formar los grandes embalses cuando termine
la vida útil de esos proyectos y esas tierras dejen de estar bajo el agua? Esta
inquietud no es solo jurídica. Es también social, económica, ambiental y, sobre
todo humana. Son aproximadamente 16.000 hectáreas que podríamos recuperar.
El
Huila aporto miles de hectáreas que fueron adquiridas para conformar el vaso de
los embalses en Betania y El Quimbo con lo que se garantizo el funcionamiento
de esas grandes centrales. Por muchos años esas tierras dejaron de producir
para sus antiguos dueños y cesaron las actividades agrícolas que allí se
desarrollaban. Han contribuido a generar energía eléctrica para millones de
colombianos y mucha riqueza para el país. ¿Y nosotros que? Cada cuatro años los
politicastros de la región y algunos advenedizos se rasgan las vestiduras
reclamando mejores tarifas para la región, mientras pasan las elecciones, pero
luego se olvidan de lo fundamental: La función social que debe cumplir la
tierra. Con el paso de los años, la sedimentación modifica progresivamente su
capacidad y, dependiendo de las condiciones del proyecto, pueden existir áreas
que dejen de cumplir la función que originalmente justifico su utilización.
Entonces me pregunto: ¿Es razonable que una tierra que fue comprada para
cumplir durante décadas una función de interés público quede indefinidamente
destinada a un uso que ya perdió su razón de ser?
Mi
propuesta para el Huila es que, unidos, impulsemos ante el Gobierno Nacional y
el Congreso de la Republica una iniciativa para establecer un régimen especial
de recuperación social, productiva y ambiental las tierras vinculadas a grandes
embalses hidroeléctricos, cuando estas dejen definitivamente de ser necesarias
para la operación de los proyectos. No se trata de desconocer el derecho de
propiedad privada ni de plantear una expropiación automática. Se trata de que
la tierra ociosa cumpla su función social. Establecer desde el comienzo de los
proyectos cuáles serán las reglas para el destino de esas tierras cuando
desaparezca la finalidad que justifico su inundación como área del embalse.
Legislar no solo mirando los primeros años de las grandes obras, sino también
lo que ocurrirá cincuenta o mas años después.
Tierra
para quien quiera trabajarla. Se pueda destinar para atender prioritariamente
a: campesinos sin tierra; pequeños productores; jóvenes rurales; mujeres
campesinas; asociaciones de productores; proyectos de agricultura familiar y
comunitaria; proyectos agroindustriales. La tierra recuperada debe convertirse
en un activo inmobiliario más. Durante mi gobierno promoveremos esa iniciativa
para lo cual, crearemos un Banco de Tierras de embalses del Huila.



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