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viernes, 18 de septiembre de 2026

EL HUILA QUE DEBEMOS SOÑAR 14. FONSA, 30 AÑOS DESPUÉS.

"Del alivio a la prevención. Que la sequía no encuentre al campesino sin defensa. El distinguido caficultor Ruber Bustos ha llamado la atención sobre un problema que no podemos ignorar: la amenaza que representa el fenómeno del niño, las altas temperaturas para la caficultura colombiana. Tiene toda la razón. Por lo que debemos actuar antes de que el productor pierda su cosecha."
Por: Julio Bahamon 

Esa discusión me lleva también a recordar una experiencia que vivimos hace treinta años que considero necesario recordar, recuperar y actualizar. Entre 1995 y 1996 emprendimos, junto a organizaciones y grupos de campesinos amenazados por la banca oficial y comercial porque no podían pagar sus obligaciones, debido a las permanentes perdidas de sus cosechas por el verano, la roya y la broca que asolo sus cultivos,  a recorrer el Huila, el Tolima y los departamentos del Eje Cafetero entonces, Quindío, Risaralda y Caldas, con un propósito que en su momento parecía difícil de alcanzar: utilizar los mecanismos de participación ciudadana para llevar al Congreso de Colombia una iniciativa destinada a proteger a los pequeños y medianos productores agropecuarios que se encontraban en  graves dificultades económicas. Encontramos el respaldo del entonces presidente de la Cámara de Representantes Rodrigo Rivera Salazar, y conseguimos que el gobierno nacional acompañara la iniciativa.


El resultado fue la ley 302 de 1996, por medio de la cual se creó el Fondo de Solidaridad Agropecuario, FONSA. Esta ley estableció recursos del presupuesto nacional, incluidos los previstos en la Ley 223 de 1995, equivalentes a medio punto del IVA del 16% para atender sectores agrícolas deprimidos. Compra de cartera, subsidiar intereses de mora y los costos financieros de los créditos, refinanciaciones a largo plazo y, fueron más de 800 mil familias de pequeños y medianos productores en todo el país, que recibieron los beneficios del FONSA.


Después de 30 años el problema es diferente por la amenaza de la sequia que analiza Ruber Bustios en su columna de opinión del D.H del 18 de septiembre, que puede afectar nuevamente a los pequeños y medianos productores agrícolas en todo el pais. Sequias prolongadas, temperaturas extremas, incendios, falta de agua, plagas, perdidas de cosechas y, después de las perdidas, la imposibilidad de pagar los créditos. No debemos esperar a que los campesinos pierdan su cosecha para ayudarles. ¿Por qué no utilizar también la solidaridad agropecuaria para prevenir la calamidad? El FONSA debe evolucionar para atender y aliviar situaciones difíciles de los agricultores. Mi propuesta es que el Congreso de la Republica vuelva sobre la legislación y la ponga a tono con la nueva realidad. Hagamos un esfuerzo de todos para proteger a quienes producen. Que una parte de lo que aportamos todos los colombianos pueda convertirse en agua almacenada, riego tecnificado, asistencia técnica y protección para quienes trabajan la tierra y con su esfuerzo alimentan a toda la población. De la mano de la Federación Nacional de Cafeteros de Colombia se puedan financiar proyectos de riego por goteo, de microaspersión; aspersión, sistemas de captación y almacenamiento en reservorios, conservación de suelos, coberturas vegetales, sombríos técnicamente manejados, asistencia técnica y transferencias de tecnología.


Hace 30 años logramos que una iniciativa nacida de los campesinos se convirtiera en Ley. Hoy hagamos posible que el FONSA se fortalezca nuevamente. Porque frente al cambio climático, prevenir también es producir. Primero el Huila.


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