Esa discusión me lleva también
a recordar una experiencia que vivimos hace treinta años que considero
necesario recordar, recuperar y actualizar. Entre 1995 y 1996 emprendimos,
junto a organizaciones y grupos de campesinos amenazados por la banca oficial y
comercial porque no podían pagar sus obligaciones, debido a las permanentes
perdidas de sus cosechas por el verano, la roya y la broca que asolo sus
cultivos, a recorrer el Huila, el Tolima y los departamentos del Eje
Cafetero entonces, Quindío, Risaralda y Caldas, con un propósito que en su
momento parecía difícil de alcanzar: utilizar los mecanismos de participación
ciudadana para llevar al Congreso de Colombia una iniciativa destinada a
proteger a los pequeños y medianos productores agropecuarios que se encontraban
en graves dificultades económicas. Encontramos el respaldo del entonces
presidente de la Cámara de Representantes Rodrigo Rivera Salazar, y conseguimos
que el gobierno nacional acompañara la iniciativa.
El resultado fue la ley 302 de
1996, por medio de la cual se creó el Fondo de Solidaridad Agropecuario, FONSA.
Esta ley estableció recursos del presupuesto nacional, incluidos los previstos
en la Ley 223 de 1995, equivalentes a medio punto del IVA del 16% para atender
sectores agrícolas deprimidos. Compra de cartera, subsidiar intereses de mora y
los costos financieros de los créditos, refinanciaciones a largo plazo y,
fueron más de 800 mil familias de pequeños y medianos productores en todo el
país, que recibieron los beneficios del FONSA.
Después de 30 años el problema
es diferente por la amenaza de la sequia que analiza Ruber Bustios en su
columna de opinión del D.H del 18 de septiembre, que puede afectar nuevamente a
los pequeños y medianos productores agrícolas en todo el pais. Sequias
prolongadas, temperaturas extremas, incendios, falta de agua, plagas, perdidas
de cosechas y, después de las perdidas, la imposibilidad de pagar los créditos.
No debemos esperar a que los campesinos pierdan su cosecha para ayudarles. ¿Por
qué no utilizar también la solidaridad agropecuaria para prevenir la calamidad?
El FONSA debe evolucionar para atender y aliviar situaciones difíciles de los
agricultores. Mi propuesta es que el Congreso de la Republica vuelva sobre la
legislación y la ponga a tono con la nueva realidad. Hagamos un esfuerzo de
todos para proteger a quienes producen. Que una parte de lo que aportamos todos
los colombianos pueda convertirse en agua almacenada, riego tecnificado,
asistencia técnica y protección para quienes trabajan la tierra y con su
esfuerzo alimentan a toda la población. De la mano de la Federación Nacional de
Cafeteros de Colombia se puedan financiar proyectos de riego por goteo, de
microaspersión; aspersión, sistemas de captación y almacenamiento en
reservorios, conservación de suelos, coberturas vegetales, sombríos
técnicamente manejados, asistencia técnica y transferencias de tecnología.
Hace 30 años logramos que una
iniciativa nacida de los campesinos se convirtiera en Ley. Hoy hagamos posible
que el FONSA se fortalezca nuevamente. Porque frente al cambio climático,
prevenir también es producir. Primero el Huila.



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