Por: Julio Bahamon
El sur del Huila, el Caquetá, el sur occidente del Cauca y el departamento del Putumayo, llevan más de 10 años esperando soluciones definitivas en esa importante arteria vial de Colombia. Las fallas que periódicamente se presentan en sus más de 470 kilómetros de carretera no podemos atribuirlas todas a sorpresas, cuando se han advertido los antecedentes, cuando no se conocen los estudios geotécnicos de la vía y cuando la prevención se sustituye por la reacción tardía.
Desde principios de los años 50 se conoce la complejidad geológica de varios tramos de esta carretera. Les hablo de tramos históricamente identificados por sus taludes altos e inestables, en los Altares y en Pericongo, donde la amenaza de deslizamientos ha sido una constante durante décadas. Sin embargo, hoy seguimos viendo voluminosos deslizamientos invadiendo la calzada, en algunos casos ocasionado la muerte a usuarios de la vía, afectando la movilidad, mientras la ANI, Agencia nacional de Infraestructura actúa como si la montaña acabara de descubrirse ayer.
En el caso de la Ruta 45 estamos frente a una carretera estratégica que conecta el centro del país con el Huila, con el suroccidente del Caquetá, el sur oriente del Cauca, la bota caucana, y el departamento del Putumayo, dinamizando el comercio, transporte de alimentos, combustibles y producción agropecuaria. La pregunta técnica inevitable es: ¿en dónde están los estudios de tratamientos de estabilización de taludes? ¿Dónde están los estudios de anclajes, muros de contención, las de mallas dinámicas, los de drenajes profundos y los resultados de los monitoreos instrumentados? ¿Dónde está la gestión preventiva de riesgo?
Un corredor vial de esa importancia exige planificación de largo plazo. Si la autoridad vial ha conocido que existen taludes superiores inestables, la ingeniería moderna ofrece múltiples alternativas: Anclajes pasivos y activos; Pantallas atirantadas, mallas de alta resistencia, sistemas de drenajes profundos, bermas de estabilización y perfilamiento controlado. De todo la anterior, ¿que se ha aplicado en esos puntos críticos para evitar los derrumbes? Resulta desconcertante que nada se haya implementado de manera integral en esos puntos críticos. Pericongo duerme el sueño de los justos esperando que la firma concesionaria le de la gana de hacer las obras definitivas de Pericongo, Ahora me dicen, 10 años después, que la ANLA, finalmente otorgo las licencias ambientales que permitirán la ejecución de los viaductos. La segunda pregunta es; ¿La Concesionaria cuenta con el músculo financiero para ejecutarlas? ¿O pasará de agache? Muy triste es tener que aceptar que la cacareada doble calzada quedara solamente en un maquillaje, reposición de la carpeta asfáltica sobre una base vieja reciclada, un remedo de doble calzada entre Neiva y Campoalegre, y tres variantes, en Hobo, Gigante y Timaná. La tercera pregunta es la siguiente; ¿sabían los exgobernadores González Villa, Dussan López y el todopoderoso gobernador Villalba Mosquera en lo que iba a quedar la Ruta 45? Y, ¿qué hicieron para evitarlo? Necesitamos dignificar al Huila.


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