Por: Julio Bahamon
El
departamento del Cauca es el símbolo mas elocuente de ese desmoronamiento.
Desde 2022 grupos disidentes de las Farc han atacado municipios como Cajibío,
Piendamó, Suarez, Morales, Corinto, Toribio, Caloto, Caldono, Santander de
Quilichao, Buenos aires, Patia, Silvia y Argelia entre otros. En varios de
estos episodios hubo decenas de civiles heridos, policías y soldados lesionados
o muertos, daños a hospitales, bancos y viviendas, así como desplazamientos
forzados y confinamientos silenciosos, de los que nos enteramos por titulares
de prensa ante el silencio de las autoridades. En los ataques los sediciosos
han utilizado drones cargados con explosivos, tatucos rellenos de metralla y
dinamita, hostigamientos a plena luz del día a estaciones de policía asediadas.
Esto,
señores no ocurrió a pesar del gobierno. Ocurrió por el gobierno.
Mientras
los grupos armados ilegales perfeccionaban su capacidad de ataque, el gobierno
deliberadamente opto por desmantelar moralmente y de equipamiento a la Fuerza
Pública, presentándola como problema y no como solución. El resultado está a la
vista: decenas de municipios sitiados, veredas controladas por fusiles,
comunidades sometidas al miedo y un Estado ausente. El gobierno no se inmuta,
no corrige: justifica. Atentados a dirigentes políticos, en el Huila, en
Arauca, y en otros departamentos, a lideres comunitarios, secuestros y crímenes
de empresarios y ganaderos.
En
esas circunstancias el pais no vive una crisis de seguridad. Esta viviendo las
consecuencias de un gobierno que decidió no ejercerla.
La
llamada “paz total” termino en una claudicación del Estado, lo que ha permitido
minimizar, justificar y culpar a terceros, nunca Petro ha asumido su
responsabilidad, ni ha corregido de fondo. Cuando la violencia se normaliza, los
ataques a municipios en sus zonas urbanas, los drones con explosivos, los
asesinatos selectivos y desplazamientos forzados dejan de escandalizar, logran
que la sociedad empiece a perder la capacidad de resistirla.
En
Colombia, desafortunadamente el Estado no manda; manda el narcotráfico, los
cultivos ilícitos, la minería ilegal y el contrabando que han llegado a
convertirse en sistemas económicos dominantes. Ante la debilidad de la Fuerza
Pública, el gobierno deja un vacío, la policía y el ejercito pierden su
capacidad disuasiva, la justicia queda asilada y las autoridades locales
gobiernan bajo amenazas. En ese instante la Ley es optativa.
Cuando
el Estado abandona a su pueblo el riesgo de que nuestra nación se descomponga
es real y ese es el momento en que debemos actuar: Eligiendo a un presidente
con coraje y con un mensaje esperanzador: Abelardo de la Espriella presidente
en primera vuelta es la solución.



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