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domingo, 1 de febrero de 2026

PARAPETO. - EL MUNDO AL REVÉS.

 


Por: Julio Bahamon

 

Lo que ha visto asombrado el país es grave. Revela el nivel de descomposición política e institucional del gobierno que preside Gustavo Petro.

 

Una funcionaria de menor rango, así sea la embajadora de Colombia ante el Reino Unido, a la que acusa el presidente de la república, en lugar de responder por sus actos, en una conducta inusual se viene lanza en ristre contra su jefe político y administrativo, en este caso contra el presidente de la república, y le  solicita formalmente a la Fiscalía General de La Nación que cite a declarar al presidente Gustavo Petro, para que explique bajo juramento de donde obtuvo la información con la que la señalo públicamente.


 En términos simples: Laura Sarabia está diciendo que Gustavo Petro miente. Y lo dice por escrito, ante el ente acusador. 


Los colombianos deben saber que esa sería la herencia que dejaría Gustavo Petro a quien es señalado como su sucesor, en el hipotético caso de que llegare a ganar las elecciones en mayo. ¡Qué horror por Dios! Tengo 79 años y he visto pasar muchos presidentes desde 1957: La Junta Militar, Alberto Lleras, Guillermo León Valencia, Carlos Lleras; Misael Pastrana Alfonso López Michelsen, Julio Cesar Turbay, Belisario Betancur, Virgilio Barco, Cesar Gaviria, Ernesto Samper, Andrés Pastrana, Álvaro Uribe, Juan Manuel Santos, Iván Duque, la mayoría de ellos fueron buenos mandatarios, unos pocos malos, pero este, el de Petro, ha sido realmente una porquería en todo sentido. Es una vergüenza política, económica y moralmente un desastre.


Una rebujina colosal. Peleas de perros y gatos, un país sin salud, sin vías modernas, sin recursos, ahogándose en podredumbre y corrupción, sin seguridad, inundado de coca, sin educación, con un desempleo formal que se esconde en la informalidad, una inflación galopante de la mano de la pobreza, etc. O Petro dijo la verdad y Laura Saravia debe salir de la embajada y asumir responsabilidades, o Sarabia dice la verdad y el presidente de la república queda en evidencia como alguien que acusa sin pruebas, manipula información y compromete la honra de sus funcionarios para cubrir responsabilidades ajenas.


Este es el desastre de país que dejara el 7 de agosto el rufián que nos gobierna. Uno de los dos no puede seguir en su cargo. La coexistencia institucional entre quien acusa, y la funcionaria que lo desmiente ante la fiscalía es simplemente insostenible.


Incrédulos, observamos que hay una responsabilidad que ya no admite excusas ni silencios: La del Procurador General de la Nación. Su mutismo frente a este escándalo, como en el de las blasfemas declaraciones del borrachín de palacio, con respecto a Jesús, no es prudencia, es omisión deliberada. Señor Procurador, su obligación es actuar de oficio.  No hacerlo es incumplir su función constitucional. 

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