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sábado, 7 de febrero de 2026

PARAPETO. - CONSULTAS EN MODO SIMULACRO.

Por: Julio bahamon 

Si observamos como están integradas las consultas que se van a realizar el 8 de marzo, conjuntamente con la elección del nuevo congreso de Colombia, podemos ver que, en primer lugar, no están orientadas a definir un candidato único de los partidos, sino a satisfacer egos de candidatos disimiles, convirtiéndolas en un “salpicón” de ideologías.

Coincido plenamente con la reciente columna del exfiscal general y exministro de justicia Alfon Gómez Méndez, publicada en El Tiempo, en la que advierte sobre el desorden, o como el lo denomina con precisión, “el despelote”, en que han terminado convertidas las consultas y los partidos políticos en Colombia.

Su diagnóstico puede ser incomodo, pero es veraz: los partidos dejaron de ser partidos. Hoy son simples instrumentos electorales, que se alquilan al mejor postor, sin ideologías, sin doctrina y sin responsabilidad frente al elector.  En ese contexto, las consultas se convirtieron en unos simulacros de participación, una especie de reconteo electoral, sin sustancia ni coherencia política.

Entre Mauricio Cardenas (conservador), David Luna (Cambio Radical), Daniel Oviedo (sin partido), Anibal Gaviria (liberal), Paloma Valencia (Centro Democrático), Enrique Peñalosa (independiente), Juan Carlos Pinzon (¿???), Vicky Davila (periodista), que los une?, cual es el incentivo entre ellos para competir y para que compiten? Igual, ocurre en la consulta Por la Vida de Roy Barreras (saltimbanqui), y en la de Claudia López (anarquista).
 
El ciudadano termina votando a ciegas, sin referentes claros, sin saber que representa cada uno de ellos, ni realmente quien pide su respaldo.

Las consultas, lejos de fortalecer el sistema, han servido en muchos casos para legitimar el caos: Alianzas contra natura, como lo estamos viendo, candidatos en su mayoría sin militancia real en un partido, avales obtenidos en pescas milagrosas, movimientos que aparecen en vísperas de las elecciones y luego desaparecen, todo eso financiado, en buena parte, con recursos públicos, que las convierten en un desorden político colosal.

No me opongo a la participación ciudadana, sino que coincido en que sin partidos fuertes no hay democracia sólida. Se ha querido reemplazar la institucionalidad política por consultas improvisadas.
 
Resulta valiosa la voz de alguien como Alfonso Gómez Méndez que habla desde la experiencia del Estado. Su llamado debería ser escuchado con seriedad. O reconstruimos los partidos, o seguiremos atrapados en una democracia aparente, ruidosa, costosa y cada vez mas alejada de los ciudadanos. En política como en la vida, cuando todo vale, nada vale. 

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