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viernes, 16 de octubre de 2026

PARAPETO. - MIGUEL URIBE TURBAY MERECE JUSTICIA.

"Del despeje del Caguán de Pastrana al despeje institucional de Santos".

Por: Julio Bahamon 


El asesinato de Miguel Utribe Turbay no puede convertirse en otro crimen que termine sepultado bajo el manto de la impunidad. Colombia tiene derecho a conocer toda la verdad, a identificar a los autores materiales e intelectuales y, sobre todo, a saber, quien dio la orden de acabar con la vida de un excelso dirigente político que representaba una nueva generación de liderazgo nacional.


Las recientes revelaciones de su esposa, sobre unos mensajes que comprometerían al vocero de las Farc en el congreso, alias Marcos Calarcá, como determinador del crimen, han encendido las alarmas del pais. ¡Que paradoja tan dolorosa para nuestra democracia! Quienes recibieron, mediante el acuerdo de paz de la Habana, la posibilidad de incorporarse a la vida política nacional, aparezcan señalados de ser quienes presuntamente dieron la orden del crimen del ilustre colombiano. El pais acepto, después de que el gobierno de Santos violentara la constitución con el desconocimiento del plebiscito esa transición, bajo la promesa de que abandonarían definitivamente la violencia, contribuiría a la reparación de sus víctimas y a la paz en Colombia.


La historia reciente de Colombia nos deja dos experiencias que merecen una reflexión profunda. Durante el gobierno de Andrés Pastrana se concedió a las Farc el despeje de 42.000 kilómetros cuadrados en el territorio nacional para adelantar negociaciones, equivocación histórica, que termino convirtiéndose en una estrategia a favor de los grupos narcoterroristas que se aprovecharon para fortalecerse militarmente y económicamente con el sucio negocio del narcotráfico, y continuar con sus actividades criminales.


Años después durante el gobierno de Juan Manuel Snatos se produjo otro despeje, esta vez de naturaleza diferente, pero de profundas consecuencias políticas e institucionales. Si en el Caguán se cedió territorio, en la Habana Santos concedió espacios de representación política al interior del Congreso de la Republica a quienes habían combatido violentamente al Estado Colombiano. Cinco curules en Senado y cinco en la Cámara de Representantes, fueron parte del despeje y concesiones institucionales del acuerdo. Sin ninguna garantía para impedir que algunos de sus beneficiarios continuaran delinquiendo desde sus curules. Como lo hacen los peores criminales desde las cárceles.


Aquí aparece una responsabilidad histórica que Juan Manuel Santos no puede eludir. Haber diseñado y promovido un acuerdo cuya legitimidad dependía, precisamente del compromiso de las Farc de abandonar para siempre la criminalidad. Si las investigaciones sobre el asesinato de Migeul Utibe llegaren a demostrar que Marcos Calarca, antiguo comandante de las Farc, convertido en congresista gracias al acuerdo, participó u ordeno el crimen político, estaríamos ante una de las mas graves contradicciones del proceso de la Habana. La paz no puede convertirse en impunidad. Miguel Utribe y Colombia merecemos que se conozca toda la verdad. Su muerte es para el país una causa nacional por la justicia y por la defensa de la democracia. Julio Bahamon.

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